Mont Saint-Michel

BRETAÑA FRANCESA III: ÉRASE UNA VEZ…

Abre un libro de cuentos y dime qué ves: un castillo de fuertes muros, una torre imposible que se alza sobre el horizonte, una casita con vigas de madera, una callejuela tortuosa… Coge ahora un mapa de Francia y traza una ruta por la Bretaña.

Fougères

Fougères es como el mundo de Las habichuelas mágicas, una ciudad con un casco histórico separado en dos partes: la villa alta, con iglesias, palacios, teatro, y la villa baja con el barrio medieval y el castillo. De una a otra se puede ir subiendo o bajando por unos jardines románticos extraordinarios, como Jack por la planta gigantesca.

Fougères

 

Saint Malo

Sería imperdonable no verlo, pese a que sea difícil acercarse en coche hasta el casco viejo, merece la pena esperar para encontrar sitio donde aparcar. Es una gozada recorrer la muralla y ver el puerto desde ella, las inmensas playas, las callejuelas. No dejas de imaginar a Marie-Laure, protagonista ciega de La luz que no puedes ver de Anthony Doerr, andando por ellas contando los pasos. El torrente de turistas no agobia ante una vista tan espectacular. Es el escenario perfecto para el cuento de La sirenita.

Saint Maló

Mont Saint Michel

Desde Saint Malo se va hasta el Mont Saint-Michel por una carreterita costera; conduciendo lento, se pasa por pueblecitos con casas frente al mar, viendo 14 kilómetros de arena durante la marea baja. Poco a poco aparece el perfil del Mont Saint Michel en la lejanía, como un corazón dormido para toda la eternidad, como el castillo de la Bella durmiente.
Nos alojamos en uno de los hoteles que hay en el recinto del Mont Saint Michel, al que solo se accede con un código que te dan desde recepción por teléfono. Una vez dentro, relax total porque te olvidas del coche y vas caminando por la pasarela hasta la Abadía que nosotros visitamos al atardecer, ambientados por una iluminación y efectos sonoros. Mereció la pena esperar en la cola y pagar por las vistas únicas y los rincones medievales.

Abadía del Mont Saint-Michel

Dinan

Con su arquitectura medieval, encanta a todo el mundo, pero también las crêpes y la sidra son un aliciente después del recorrido por sus callejuelas. Por la noche, en los talleres de artesanos, seguro que cuando el zapatero duerme, trabajan los duendes.

Dinan

Perros-Guirec

Es la ciudad esmeralda del Mago de Oz al lado del mar. Fue el lugar que habíamos elegido para pasar la segunda noche, aunque no sabíamos que ese mismo día, en frente de nuestra habitación, había una exhibición de vuelo a reacción. ¿Pura magia? El resto de la tarde estaba reservado para hacer la caminata que va desde Ploumanac’h hasta la Playa de Trestaou por el Sentier des douaniers, una especie de sendero baldosas amarillas en el que las formaciones rocosas de granito rosa se asemejan a todo tipo de animales fantásticos.
Daba pena dejar Perros-Guirec pero había que regresar; nos acercamos a los acantilados para despedirnos de este lugar. Condujimos hacia el sur, hasta el otro lado de esta “tierra del mar”, eso significa Armórica, nombre con el que se conoce también a esta península de Bretaña.

Perros-Guirec

 Pont-Aven

Una pequeña ciudad preciosa, llena de tiendas de arte, conocida como la ciudad de los molineros, donde compramos harina para hacer las crêpes. Bien podríamos habernos encontrado aquí con el Gato con botas, que no nos habría extrañado.

Pont-Aven

Carnac

Nos acercamos para ver los alineamientos megalíticos, el monumento prehistórico más grande del mundo, levantado durante el Neolítico. Auténticos gigantes dormidos mirando al sol nos parecieron esas piedras que el mago Merlín debió ayudar a colocar.

Monumentos megalíticos de Carnac

 Vannes

Aun nos dio tiempo para dar un paseo por su casco histórico antes de regresar a Nantes. Sus casas restauradas alojan tiendas elegantes en los bajos. Seguro que El sastrecillo valiente trabajó en algún taller antes de vencer al ogro que horrorizaba a la población.

Vannes

La ruta

Mientras atravesábamos bosques, entre brumas y suaves colinas, vimos sin llegar a ver y oímos sin llegar a comprender bien los muchos mensajes que hadas y duendes iban dejando a nuestro paso. De alguna forma sutil nos decían cuál es la razón de que los libros de cuentos estén ilustrados con paisajes de la Bretaña.
Coge ahora el mapa de la Bretaña tú. Seguro que alguien, hada o duende, se despierta en cuanto empieces a soñar.

 

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