El Bosque Pintado de Oma

Paseando por el bosque pintado de Oma te trasladas a tiempos remotos, donde ya se pintaba en cavernas para reflejar la vida diaria de entonces. Pintar, tomando los recursos naturales como lienzo, siempre ha sido una necesidad humana, un impulso vital de expresión.

Por ello, lejos de pensar que se está vulnerando la naturaleza, te agrada la conjunción de formas, colores, ojos y coincidencias en la misma.

El Bosque de Oma está situado a unos 3 kiómetros de Lezika-Basondo, donde hay un aparcamiento y un restaurante. En frente de él se empieza la ruta, subiendo con buenas vistas al valle.

Inicio de la ruta al Bosque de Oma

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Al lado del aparcamiento está la cueva de Santimamiñe, yacimiento arqueológico que conserva pinturas rupestres, principalmente bisontes y caballos, de hace más de 14.000 años. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008. Se encuentra en el entorno natural de Urdaibi, que es Reserva de Biosfera por la UNESCO.

La cueva está cerrada al público, pero podéis verla por dentro en este vídeo:

El autor del Bosque Pintado de Oma es Agustín Ibarrola, artista vasco nacido en Basauri. A él le gustan las grandes obras al aire libre.

Gran lienzo al aire libre

En sus obras puedes formar parte de ellas. Paseando te van sugiriendo otros paisajes, ideas, sentimientos o, simplemente, te relajas y disfrutas entre las mismas.

Así, ya en el Bosque, te vas encontrando con figuras caprichosas, como los labios partidos, la mitad en cada árbol; la unión se produce cuando te sitúas y ves la unión de los dos árboles. Puedes sentir entonces un beso enorme, ese que todos necesitamos para andar cada día por los vaivenes de la vida.

Labios pintados en el Bosque de Oma

A veces crees ver una gran ola blanca que surge del bosque. O una gran pizarra blanca lista para ser decorada de nuevo por manos pequeñas. O el pañuelo al viento de un gigante. O la bandera blanca de una paz imperiosamente necesaria.

La ola, o pañuelo, o ¡tantas cosas puede ser!

Caminando nos parece ver los pinceles de un pintor que ha hecho pruebas de color sobre los mismos al tener repleta su paleta. Pinceles que quieren hermanar todos los árboles del Bosque de Oma con los de la Ruta de los Duendes del Valle de Caderechas en Burgos porque en los dos coincide y se conjuga naturaleza y arte, en los dos bosques los árboles están siempre de Carnaval.

Pinceles pintados en el Bosque de Oma

Más adelante vemos líneas que suben y bajan, nos sugieren que son los latidos de la naturaleza indicando su salud, o los altibajos de la vida, o el camino preferido que una ardilla ha marcado para no salirse y recorrerlo siempre viendo sus árboles pintados preferidos.

Las líneas de la ardilla

También se nos antoja toparnos con las sombras del bosque que vigilan la obra de Ibarrola; sombras con capa roja que miran a las sombras con capa amarilla y verde, todas vigilan a las sombras blancas, todas ponen orden y no dejan que nada se tambalee, que nada perturbe el bosque y sus pinturas, que nada ni nadie ponga en peligro este espacio especial de unión y relax.

O, tal vez, son solo sombras que están de celebración jugando al escondite, o bailando, o buscando los pájaros, hadas y duendes que hay en todos los bosques.

¿Sombras en el Bosque?

Por todas partes hay ojos y más ojos que ayudan a las sombras a que nada se escape a su mirada. Ojos que vigilan a otros ojos; ojos que miran a todas partes; ojos más altos que otros para que la visión y el control del bosque sea total, o para intentar ver otras obras lejanas al aire libre de Ibarrola: los Cubos de la Memoria, en el puerto de Llanes, Asturias; las Piedras de la Dehesa de La Garoza, en Muñogalindo, Ávila; Las Piedras de Arteaga, Bizcaia; El Bosque de O Rexo, Allariz, Orense y El Bosque de Olmos Secos, Salamanca.

Ojos, ojos, ojos.

Ojos que nos ven y les vemos por aquí y por allá, y por allá y más allá. Ojos, que si han llorado, ahora se muestran serenos y nos calman. Ojos que nos buscan sin cesar.

Más ojos y ojos por aquí y por allá

Ojos coquetos que se han maquillado de distintos colores para estar atractivos a los paseantes. Ojos que miran al pañuelo del gigante, a la ola blanca, a los pinceles del pintor, al camino de la ardilla, a las sombras que vigilan y las ayudan a que la naturaleza siga en equilibrio.

No paran los ojos de mirarlo todo

Regresando por este recorrido, entre caseríos y el pueblo de Oma hasta el aparcamiento, pensamos si hemos acertado algo en lo que Ibarrola quiso transmitir, si acaso lo pretendió.

Lo más seguro es que nos lo hayamos inventado todo; al fin y al cabo, el arte, como la imaginación es libre.

Al finalizar el recorrido del bosque empieza el descenso hasta el aparcamiento, se van viendo caseríos y Oma.

El Bosque Pintado de Oma es un recorrido fácil para toda la familia. Todos se pueden dejar llevar por lo que los árboles le sugieren. O, tal vez, mejor, no pensar, dejar la mente en blanco, si acaso se puede, y apreciar el efecto que nos produce.

Más en http://www.bosquedeoma.com/

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