Lagos y puentes cubiertos en Vermont

Salimos de Nueva York desde la estación de ferrocarril de Penn Station. Nada más pasar un largo túnel no se veía ni rastro de los rascacielos, nos encontramos en plena naturaleza, la cual no dejamos de ver en todo el recorrido hasta Rutland, en el Estado de Vermont.

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Casa de intercambio

Cuando llegamos,  un taxi que previamente habíamos reservado, www.middleburytransit.com,  nos llevó a Cornwall, cerca de Middlebury, donde íbamos a pasar diez días mediante un intercambio en casa, la cual era enorme y con buenas vistas desde donde hemos visto unos hermosos atardeceres. Alrededor, campo, juegos y los vecinos más próximos a unos 100 metros. Éstos eran los padres de nuestros anfitriones,  nos trataron muy bien y charlamos con ellos en varias ocasiones, viendo a sus caballos o cenando. ¿O tal vez los vecinos más cercanos eran  los ciervos que un día vinieron a comer  enfrente de la casa?

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Con nuestros vecinos

Después de venir del ajetreado Nueva York , Vermont nos ha parecido muy relajado. Es un Estado totalmente verde, incluso en verano, con un paisaje muy agradable donde se ven casas de colores por aquí y por allá y granjas con vacas por allá y por aquí. También te encuentras con un lago, grande o pequeño, en cualquier dirección que vayas.

La ruta de la carretera 100 es una de las que figura en las guías de EEUU como interesante a recorrer. Nosotros hicimos un tramo bordeando un lado del Parque Nacional de Green Mountain, el cual atravesamos desde la casa, hasta  un poco más allá de la estación de esquí de Sugarbush. Por el camino cominos en el pueblo de Warren. Aquí un pueblo es una calle principal donde están las tiendas y se acabó, por lo cual muchas veces te le pasas. La iglesia tampoco es una referencia pues suele haber  varias diseminadas de distintas conversiones cristianas, ya sean  luteranas, baptistas y católicas normalmente, en el pueblo o en las inmediaciones. Al regresar nos cayó una lluvia de granizo de campeonato.

Otro día fuimos a encontrarnos con la familia Kessler, que ya estuvieron con nosotros en junio en las fiestas de Burgos. Como nos dijeron que iban a estar en el lago Sherman, Estado de Nueva York, nos animamos a hacerles una visita. Para llegar al lago primero paramos en el Fuerte Ticonderoga donde en el siglo XVII  se libró una batalla entre Gran Bretaña y Francia por la conquista de estas tierras. En Chestertown nos recogió John, nos guió hasta la cabaña que su abuelo empezó a construir allá por el 1948 a la orilla del lago y que, desde entonces, siguen mejorando cada año. Es una cabaña llena de objetos, libros, cuadros,… la historia de su familia está en  ella. Nos bañamos en el lago, merendamos en el embarcadero, vimos una granja donde las crías de conejos fueron la atracción. Nos llevamos un buen recuerdo de las horas que pasamos con ellos, de su amabilidad, de sus buenos cánticos antes de empezar a cenar, de las risas y el magnífico ambiente que se respiraba en esa cabaña hecha de troncos y cariño.

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Lago Sherman
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Lago Sherman

Otros dos lagos a los que fuimos a bañarnos fueron el lago Champlain, uno de los más grandes de EEUU, donde nos bañamos en Button Bay; y el lago Dommore. Los dos en un paraje muy agradable y silencioso.

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Lago Dommore
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Lago Champlain

No nos extraña ahora que Clint Eastwood se extraviara buscando puentes cubiertos que fotografiar en la película “Los puentes de Madison”. Hemos encontrado algunos al azar, pero otros los fuimos buscando, aunque llevamos un buen mapa, si no eliges muy bien uno de los caminos que aparecen de pronto, te pierdes, salvo que seas descendiente directo de algún indio explorador de estas tierras, no los ves. Y no los vimos. Explicamos a nuestras hijas que los puentes son los “monumentos” más antiguos de EEUU, que algunos de los que vimos fueron construidos entre el 1730 y el 1808, que fueron muy importantes en aquella época de la colonización para comunicar caminos, que también servían para refugiar animales a modo de establo, que la película antes citada cuenta una historia tierna de amor.

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Dejamos Vermont muy temprano por la mañana. El taxi nos llevó a la estación de tren de Castleton a la cual no la falta detalle, retrocedes en el tiempo; como en Vermont, tan verde y poco poblado y donde vivir nos parece más fácil, no solo porque las cervezas de aquí estuvieran muy ricas y más baratas que en Nueva York.

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