No se puede decir adiós a quien quieres

Temprano, muy temprano, casi acababa de amanecer cuando nos encontramos paseando el cepillo de dientes de la cafetería de la T1 a los lavabos. Aún más temprano habíamos cogido el autobús en la T4, el cual recorre las cuatro terminales del aeropuerto. De madrugada habíamos venido desde Burgos a Madrid en autobús. Hasta ese momento estuvimos dejando nuestra casa en orden para que la utilicen varias familias que van a venir a ella mediante intercambios; limpia por aquí, haz sitio por allá.

img_3490-min

Unas horas antes estuvimos charlando con nuestras madres, hermanos y algunos amigos mientras tomábamos unas patatas bravas. Sonaba a despedida por estos meses que vamos a estar viviendo por el mundo, por esta aventura que tanto hemos soñado, trabajado y esperado; pero no era una despedida: no se puede decir adiós a quien quieres. A las personas que quieres te las llevas en una especie de fotografía interna, emocional y mental y se te aparecen a unos 11.000 metros de altura antes de llegar a Dublín y sobre el Atlántico, dormitando a ratos o escuchando música y viendo películas en la pantalla individual que Air Lingus tiene en cada asiento, o viendo en el mapa la situación del avión, las horas y kilómetros que dejamos atrás, las horas y kilómetros que aún tenemos por delante.
A las personas que quieres añades nuevas personas que, por azar o porque al azar se le sale a buscar, se van incorporando por los caminos; como Deb, que ya estuvo en nuestra casa en mayo cuando estaba haciendo el Camino de Santiago y ahora nos estaba esperando en el aeropuerto de Boston, despistados por las seis horas de diferencia horaria y unos 5000 kilómetros desde nuestra casa hasta la suya en Portsmouth -Rhode Island- que va a ser también la nuestra por unos días porque en ella hemos colocado nuestros cepillos de dientes y en la que mañana esperamos no levantarnos temprano, nada temprano.

Vuelta al mundo 2011/12

Share This:

Deja un comentario