Rotorua, Nueva Zelanda, primavera en noviembre

Todos los nombres suenan muy bien al oído en Rotorua, Nueva Zelanda, primavera en noviembre; no era para menos, evoca lugares apetecibles para ir y, al mismo tiempo, inalcanzables. Por eso mismo hay que ir.

Rotorua, primavera en noviembre

Llegamos a Rotorua en autobús desde Auckland, el viaje fue de cuatro horas. Ahí nos estaba esperando Shami para llevarnos a su casa, íbamos a estar de nuevo en una casa de intercambio. Nos la enseñó rápidamente porque se tenía que ir de nuevo a trabajar. Tenía unas bonitas vistas al lago Rotorua que es uno de los más grandes de la isla norte, después del Lago Taupo. Vimos a los tres preciosos gatos que tenían: Negra, Blanca y Cougar.

Un poco más tarde vino su marido, Dave con el que cenamos y hablamos antes de irnos a dormir. Cada vez que compartimos comida y charla mediante una casa de intercambio nos da la sensación que ya les hemos conocido anteriormente, al compartir casa se establece una conexión muy estrecha entre las personas.

De compras en barca por el lago Rotorua

Al día siguiente por la mañana Marisol y Shami fueron al supermercado y se les acabó la batería del coche por lo que tuvimos que ir a recogerlas en la barca de Dave, así de paso hicimos un bonito tour por el lago, rodeado de casas y colinas verdes, en Nueva Zelanda en noviembre es primavera. ¡No siempre se tiene la suerte de disfrutar de esta estación dos veces en un año!

Lago Rotorua

El Lago Rotorua se ha formado en lo que era el cráter de un volcán, su fondo tiene la forma de una copa de champán, poco profundo por las orillas y muy profundo hacía el centro, en el cual se ha formado una isla. Llegamos al centro de la ciudad en barca para recoger a Marisol, regresamos con la compra en barca y Dave se volvió a ir a recoger a Shami. Ese día cenamos paella y curri que nos preparó Shami y estaba buenísimo.

Centro de Rotorua con olor a azufre

El segundo día fuimos a ver el centro de la ciudad y a la oficina de turismo para informarnos de las muchas cosas que se pueden hacer en Rotorua. Aunque la ciudad era pequeña, más o menos como Segovia, estaba bien, aunque hubiera a veces un olor a azufre.

Hay edificios de principios del siglo XX cuando la ciudad se hizo famosa por las aguas termales como la casa de baños, donde está ahora el Museo, la antigua oficina de Correos y la Puerta del Príncipe.

Luego paseamos por un parque lleno de pozos termales llamado Kuirau. En los pozos se veía hervir el agua haciendo burbujas y expulsando un vapor que olía a azufre.

Kuirau, Rotorua

Pueblo Maorí

Al día siguiente fuimos a un auténtico pueblo Maorí llamado Whakarewarewa, aunque el nombre original es ¡¡Tewhakarewarewatangaoteopetauaawahiao!!. Parece muy difícil pero un maorí nos oyó leerlo y nos dijo que pronunciábamos muy bien porque la lengua maorí, como otras lenguas polinesias, tiene las mismas cinco vocales del español.

La gente que vive aquí emigró desde Tarawera después de la erupción del volcán en el 1886. Ahí nos enseñaron su forma de vida: sus casas, el lugar de reunión “marae”, los baños de aguas termales, el huerto y como cocinan la comida aprovechando el calor que despide el volcán. Fue muy interesante ver como se han adaptado a un medio difícil y como aprovechan una fuente de energía natural, al final de la visita vimos danzas y cantos maoríes entre ellos la “Haka que se hacía para darse a conocer e intimidar a los visitantes o invasores, normalmente sacando la lengua. Actualmente el equipo de rugby que ha ganado el mundial este año, lo hace antes de empezar ceda partido.

Whakarewarewa

Después fuimos al “Polynesian Spa”, donde había tres piscinas: una grande de agua templada y otras más pequeñas de aguas alcalinas muy calientes. Las propiedades del agua hacen que se te quede la piel muy suave y el cuerpo muy relajado.

Más opciones en Rotorua

El cuarto día visitamos el Museo de Arte e Historia situado en lo que fue un balneario famoso. Es un precioso edificio estilo Tudor en un recinto con bonitos jardines, campos de criquet y una nueva Casa de Baños, The Blue Bahts.

Museo de Arte e Historia, Rotorua

Vimos una película en una sala ambientada a principios de siglo XX sobre lo que pasó cuando el volcán de Tarawera entró en erupción, contado a través de una leyenda del pueblo maorí. Mientras ves la película hay una simulación de cuando estalló el volcán y puedes notar como se mueven los asientos.

La parte más importante del museo está dedicada al pueblo maorí, como llegó a Aoeatearoa desde Hawaiki, hay restos que han encontrado en Tarawera como un zapato, una chistera, una cesta… También hacen referencia al final de personas maoríes que han alcanzado la fama, como por ejemplo Temuera Morrison, actor, y Anna Coddington, cantante.

Leyenda del origen del pueblo maorí

El origen del pueblo maorí está narrado en la siguiente leyenda:

Los antepasados de los actuales habitantes abandonaron Hawaiki porque el jefe Venuku mató y comió a Pokakatawhiti, el perro de Houmaitawhiti. Su hijo, Tomatekapua, oyó un ruido que venía de la barriga de Veneku. Decidió vengarse robando el kuru, árbol del pan.

Hubo una batalla, ganó Tomatekapua; pero su padre le dijo que buscara una vida pacífica en otra tierra. Así que abandonaron Hawaiki. Cortaron un gran árbol para hacer una waka, canoa.

El navegante Ngatoroirangi, que iba con su mujer, sabía que Tomatekapua era un mujeriego, por lo que ató una cuerda larga a su pelo. Tomatekapua la cortó para estar con ella. Ngatoroirangi se volvió furioso y llamó a Te Parata, el monstruo de las aguas del océano, creó un torbellino y sumergió a la canoa. Todo parecía perdido, pero Ngatoroirangi se apiadó de su mujer y cantó una poderosa oración y todos se salvaron.

                                             Kia haha, kia toa

                                             kia manawanvi!

                                                              Sé fuerte, sé valiente.

                                                              ¡Sé firme!

Leyenda en imágenes en el Museo de Arte e Historia, Rotorua

Alrededores de Rotorua

Al día siguiente Dave nos llevó a hacer un recorrido para conocer a ver los alrededores de Rotorua, las cascadas de Okere para hacer rafting, los lagos Rotoiti y Oakataina, más pequeños que el de Rotorua, pero aun así eran grandes, tenían más vegetación autóctona alrededor que nos gustó. Están muy protegidos con medidas preventivas contra las especies invasoras.

Después visitamos un parque llamado Kiwi Discovery Center donde había aves de Nueva Zelanda, entre las que el kiwi era el más especial. Primero vimos estas aves tan peculiares en una sala oscura porque son nocturnos, pero todavía seguían durmiendo, así que decidimos dejarlo para la noche y seguir visitando el resto del parque, estaba bastante bien con muchos pájaros que nunca habíamos visto, lagartos autóctonos y truchas que son el triple de grandes que las de España. Dave nos dijo que la palabra kiwi sirve para referirse también a las personas de Nueva Zelanda.

Por la tarde condujimos hasta unas piscinas de agua caliente llamadas Waikiti. Estaban al aire libre y en plena naturaleza.

Piscinas naturales en Waikiti

Ya por la noche volvimos al Kiwi Discovery Center para ver kiwis en la naturaleza; había tres, eran grandes y bajos con un largo y fino pico. Corrían y se escondían rápido.

Al día siguiente nos despedimos de esta bonita casa junto al lago y de Dave y Shami esperando verlos pronto en Burgos. Cogimos un autobús hasta Waikanae, un pueblo cerca de Wellingtom.

Nueva Zelanda es un destino que no defrauda, te sientes bien en este país con hermosos rincones para disfrutar de la Naturaleza, así como con sus gentes.

Vuelta al Mundo 2011/12

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