No se puede decir adiós a quien quieres

Temprano, muy temprano, casi acababa de amanecer cuando nos encontramos paseando el cepillo de dientes de la cafetería de la T1 a los lavabos. Aún más temprano habíamos cogido el autobús en la T4, el cual recorre las cuatro terminales del aeropuerto. De madrugada habíamos venido desde Burgos a Madrid en autobús. Hasta ese momento estuvimos dejando nuestra casa en orden para que la utilicen varias familias que van a venir a ella mediante intercambios; limpia por aquí, haz sitio por allá.

Un lugar llamado Las Vegas

¿Por qué Hansel y Gretel, perdidos en el bosque, entraron en la casita de chocolate? Había una vez un lugar muy, muy lejano, al que se llegaba tras cruzar un inmenso desierto y áridas montañas, en el que había una bella ciudad, que brillaba bajo el sol y, no muy lejos de ella, un río de aguas rojas….

Portland, una ciudad que sorprende

Salimos de Yakima en el autobús de Greyhound camino de Portland, Oregón. El viaje duró cinco horas, pues hubo que hacer un trasbordo en Pasco, pero tuvimos la ventaja de poder ver el valle sembrado de manzanos. A partir de Pasco la carretera va al lado del río Columbia hasta Portland. Llama mucho la atención el cambio de paisaje de desierto a llenos de vegetación cuando pasas al otro lado de la montaña.

Una del Oeste en Yakima

Dejamos Seattle en autobús de Greyhound hacia Ellensburg. Nuestro destino era Yakima. Viajar en autobús en EEUU no es como en España; aquí lo primero que se coge para desplazarse es el coche, después el tren y, la última opción, es el autobús. Se nota que, en algunos trayectos, la gente que viaja en autobús tiene menos recursos económicos. Aún con todo, el bus es algo más caro que en España.

Una manzana de 300 dólares para llegar a Seattle

Dejamos Vancouver por la carretera 99 Sur en un autobús de Greyhound. Habíamos tomado algo para comer en la estación y de postre teníamos fruta: manzanas y plátanos. Habíamos rellenado el formulario para entrar en EEUU en el que te preguntan si llevas esto o lo otro, a lo que respondes siempre “no, no, no,” y firmas, porque si contestas “sí” a algo te estás culpando de forma inocente y no te dejan pasar, suponemos.

¡New York no tiene fin!

Nueva York es un espectáculo. “Si consigues algo aquí, lo puedes conseguir  en cualquier parte” Frank Sinatra en New York, New York. En esta ciudad puedes encontrar de todo a la vez: desde el ajetreo de Times Square con sus luces de neón, hasta ver la luna en el remanso de Central Park.  Aquí no hay término medio, es una ciudad extrema; pero, estés donde estés, los neoyorkinos te ayudan: son la mejor guía de su ciudad.

Ballenas en Cape Cod

Vamos a empezar por el final: fue espectacular,  emocionante e increíble. Avistar ballenas, tan de cerca y en su medio natural, fue algo único. Ver a tantas, oyéndolas a veces, unas a lo lejos, otras a escasos metros hasta casi tocarlas, fue excitante. Sentirlas ahí al lado, soltando un chorro de agua por el espiráculo, nadando despacio en la superficie, zambullirse con elegancia al sumergir la cola como un gran abanico que se desaparece en el mar fue asombroso.

Newport y el barco de Johnny Deep

Cuando viajas siempre nos hacemos una primera idea de lo que podemos ver en un determinado lugar. Lees guías, ves mapas, consultas en Internet; pero cuando llegas a ese lugar que has investigado, esa primera idea que al principio es plana, se sale del papel y crece en todas las direcciones, se transforma en tridimensional, se impregna de sabores y olores del lugar y te sorprendes con lo que ninguna guía pone.