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Fish River Canyon, el gran cañón de Namibia

En nuestro recorrido por Namibia y Botsuana habíamos encontrado gran variedad de paisajes y no nos podíamos imaginar que, en nuestro camino a Sudáfrica, íbamos a encontrar el segundo cañón más largo del mundo, el Fish River Canyon.

Volviendo a Namibia desde Botsuana

Salimos del Crocodile Campsite and Spa en Maun para llegar al Xain Quaz Camp en Gobabis. Teníamos por delante 600 km de carretera asfaltada y una frontera por la que volveríamos a entrar en Namibia.

Controles sanitarios

Algo que nos llamaba la atención en Botsuana eran los controles sanitarios que había de vez en cuando en algunos puntos de la carretera. Había que bajarse del coche y pasar todo el calzado, tanto el puesto como el que se lleve en el equipaje, por un líquido desinfectante que hay en un recipiente en el suelo, de un metro cuadrado aproximadamente. Después, inspeccionan la nevera y, por último,  hay que cruzar con el coche por un vado para desinfectar las ruedas del coche.

Llegamos a la frontera, hicimos los trámites rápidamente: rellenar unos formularios y también apuntaron la matrícula del coche en un papel que dimos al guardia de la salida.

Gogabis

Llegamos a Gobabis, ya en Namibia, por una carretera también asfaltada. Encontramos mucha actividad en esta localidad, tiendas, supermercados, gasolineras y comercios varios, todos a lo largo de su calle principal. En Gobabis se ven mujeres herero con su vestido tradicional.

Echamos gasolina y entramos en un SPAR, supermercados muy bien surtidos. Nos resultó curioso ver a todas las cajeras con el gorro rojo de Navidad, ¡con el calor que hacía!

Llegamos al Xain Quaz Camp, a cinco kilómetros, dirección Windhoek. Después de tanto conducir no teníamos ganas de montar la tienda en el camping, nos enseñaron varias habitaciones y nos decantamos por la más barata, por ser pequeña, pero no le faltaba de nada. Cenamos en el restaurante bastante bien.

Hacia Mariental

Al día siguiente, desayunamos con lo que llevábamos en el coche y salimos pronto hacia Mariental, a 315 km.  Volvimos a reencontrarnos con las carreteras de grava, en este caso fue la C20 primero y la M42 después. En esta última había unos vados tremendos, por momentos parecía que íbamos en la montaña rusa. Durante todo este trayecto se van viendo algunas granjas a los lados, muy distanciadas entre sí.

El último tramo ya fue por carretera asfaltada, hasta Bastion Yard Farm, a las afueras de Mariental. Después del camino anterior teníamos ante nosotros el verde de los cultivos de Mariental.

Fish River Canyon

De nuevo salimos pronto del camping, teníamos que recorrer 300 kilómetros por la carretera asfaltada B1; un tramo corto por la B4, donde había que desviarse por la C12 y por la C37, de grava, para llegar al Hobas Campsite, puerta de entrada al Fish River Canyon.

Algo que nos llamó la atención fue que, nada más empezar la C12, había una destilería de ginebra y campos de viñedos, la primer vez que los veíamos en este viaje. También vimos a algún orix. El paisaje parecía dibujado en un lienzo con montañas.

Al llegar al Hobas Campsite paramos en la caseta de la entrada para comprar los tickets de acceso al Fish River Canyon, 170 N$ los dos. La chica que nos atendió hablaba moderadamente bien español, lo había aprendido en Cuba.

Mapa Fish River Canyon, Namibia
Mapa Fish River Canyon, Namibia

No nos dieron un plano, había uno grande allí, así que lo fotografiamos para tener alguna referencia de los puntos que había que ver.

En 10 kilómetros alcanzamos el Main View. La vista es espectacular por el recodo en primer plano y el cañón al fondo. Nos quedamos un rato contemplando y leyendo los paneles explicativos que hay.

Fish River Canyon, Namibia
Fish River Canyon, Namibia

Miradores en Fish River

En coche nos acercamos al Hicker Point para ver este cañón desde otro ángulo. Es el segundo más grande, después del Cañón del Colorado. En este punto es donde empieza una ruta de cinco días por el cañón.

Después, pasando de nuevo el Main Point, llegamos a otro mirador para tener otra perspectiva. Ya no pudimos ir más allá. No hay camino y hay demasiadas piedras.

Fish River Canyon, Namibia
Fish River Canyon, Namibia

Volvimos al Hobas Campsite donde montamos la tienda. Esa iba a ser nuestra última noche en Namibia.

Rumbo a Sudáfrica

Al día siguiente condujimos dirección Granau hacia la frontera con Sudáfrica. Íbamos a cruzarla por el paso de Noordoewer.

Llegados a la frontera, los trámites fueron los habituales, con la particularidad de que en Sudáfrica no rellenamos nada a mano, los oficiales lo anotan en el ordenador.

Con un paisaje parecido al que habíamos dejado en Namibia, llegamos a Springbok, una ciudad con muchos servicios y supermercados. Compramos una tarjeta SIM y sacamos dinero, todo en el interior de un centro comercial. Con todo lo importante hecho, condujimos 50 kilómetros hasta nuestro alojamiento, Verbe Farm, antes de llegar al día siguiente a Ciudad del Cabo, donde nos quedaríamos unos cuantos días.

De Hobas campsite a Sudáfrica
De Hobas Campsite a Sudáfrica

Así dejamos Namibia, un país que nos encantó por la variedad de sus paisajes y la amabilidad de sus gentes.

Alojamiento                                                           

Xain Quaz Camp: Hay habitaciones de varios precios y camping. Tiene una piscina, bar y restaurante. Todo está muy bien ciudado. Totalmente recomendable.

Bastion Yard Farm: Hay habitaciones y zona de camping con punto de luz, agua, fregadero, lavabo, servicio, ducha. Todo en muy buenas condiciones y con detalles en su decoración. Solo hay cuatro cabañas muy bien dispuestas. Es el mejor camping en el que hemos estado. También hay zonas comunes con una cafetería y una tienda, que cierra los domingos. Las mermeladas caseras que compramos estaban deliciosas. Totalmente recomendable.

Hobas Campsite: Es un camping no muy grande. Hay punto de luz y agua. Los baños son compartidos. Hay una tienda en la recepción y un restaurante. Tiene piscina, pero no invitaba a meterse en ella. Está bien para pasar una o dos noches.

Verbe Farm: Tiene alguna casa de ambiente campestre y entrañable, sencilla, pero te sientes muy bien. Nos dejaron té, café y galletas. Su dueña se mostró muy amable. Rodeados de montañas, solo se oye el viento. Totalmente recomendable.

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