Praga

Praga con un intercambio de casa

Cuando llegas por primera vez a un destino turístico famoso como Praga, crees que ya lo conoces un poco, por todo lo que has oído hablar de él. ¿Cómo te lo imaginas? Prepárate para descubrir Praga tal y como es en realidad.

Desde Dresde hasta Praga en tren

Nadie te cuenta lo que vimos antes de llegar, kilómetros y kilómetros de bosques al borde de un río, tal vez porque la mayoría de los turistas que viajan desde España van en avión y no ven este relajante paisaje de un río navegable entre montañas y bosques que nosotros pudimos descubrir viajando desde Dresde hasta Praga en tren.

Paseando por Praga

Siempre nos ha interesado conocer un lugar por su gente y, atravesando de lado a lado el puente de San Carlos o paseando por los alrededores de San Vito, nos preguntábamos dónde estaban los habitantes de la ciudad.

Praga
Praga

El primer día no los ves porque Praga es lo bastante atractiva como para deslumbrarte sin que te pares a pensar que la mayoría de la gente que encuentras son turistas españoles e italianos.

Si quieres verlos tienes que viajar en metro hasta Hrdkanska, donde nos alojamos en casa de una familia de americanos en un intercambio de casa; coger un autobús dirección Juliska, ahí es donde ves a los checos de verdad, sentados muy rectos e inexpresivos en su asiento, con sus ojos azules muy fijos al frente como en los grabados de Mucha.

Praga
Praga

Tal vez este modo de estar se ha ido forjando durante los años de ocupación austriaca, alemana o rusa, tal vez los checos hayan aprendido a ocultar sus emociones tras una máscara, tal vez sólo muestren su verdadera forma de ser cuando sienten la confianza suficiente; pero, por su forma de vestir informal, se ve que son prácticos, por su gusto por las tertulias en los cafés y salones de té, se ve que son sociables, por su forma de disfrutar del tiempo libre se ve que son amantes de la naturaleza, pues salen al campo siempre que pueden.

Viendo las fotos que hicimos en Praga nos damos cuenta de lo que más nos gustó: pasear, de día o de noche, contemplar sus puentes desde diferentes perspectivas, detenernos a observar las fachadas modernistas y las estatuas barrocas, beber una limonada casera o comerte un trdelnik.

Elaborando un trdelnik
Elaborando un trdelnik

O tomarte un café excelente y elegir una tarta en el Slavia, el Imperial o en la Ópera, sumergirte en otra época cuando el camarero profesional te atiende amablemente, aunque te informe al final de que es correcto dejar una propina de redondeo con un “el servicio no está incluido”, que procura suavizar diciendo “hasta mañana”, dando a entender que ese local es de clientes habituales, aunque esté lleno de turistas.

Café de Praga
Café de Praga

Arte callejero entre su historia

No se puede ignorar: ellos están construyendo el nuevo arte callejero con sus candados de amor en las rejas de los puentes.

Candados desde el Puente de Carlos
Candados desde el Puente de Carlos

O con sus pintadas en el muro de John Lenon.

Muro de John Lennon, Praga
Muro de John Lennon, Praga

En Praga se filmó Amadeus, simulando ser la Viena imperial del siglo XVIII. A veces recuerda a Roma, por la cantidad de plazas irregulares, o a París, cuando paseas al lado del río.

Cada momento de la historia ha dejado aquí su huella: el Sacro Imperio Germánico, el Imperio Austrohúngaro, las guerras de los husitas, de los 30 años, las Mundiales del siglo XX, la Primavera de Praga y la Revolución del Terciopelo.

Los habitantes de Praga han sido protagonistas siempre y, sin embargo, nos intriga por qué son tan poco visibles a los ojos de un extranjero y más cuando los monumentos que posee son tan extraordinarios como el Castillo de Praga, con la Catedral de San Vito dentro de él y sus jardines, o como el Reloj Astronómico del año 1410.

Sin embargo están ahí, basta con pasear a orillas del Moldava desde el Dancing House de Milunic y Gehry hasta Visehrad , donde están la iglesia de San Pedro y San Pablo.

Dancing House, Praga
Dancing House, Praga

O seguir hacia el río, hasta el Mirador de Petrin a disfrutar de un romántico paseo.

Mirador de Petrin, Praga
Mirador de Petrin, Praga

De todo ello hablábamos con la familia que nos acogió, que había elegido Praga como ciudad para vivir y, gracias a ellos, aprendimos a movernos por la ciudad en transporte público, de calidad, barato y fácil de usar. También charlamos mucho de Asia, de Europa, de América, pues, como nosotros, son entusiastas de los viajes y las diferentes culturas. Es uno de tantos aspectos buenos que tiene compartir casa mediante un intercambio, todo se conoce más de cerca y adquieres otras perspectivas de un lugar.

Vuelta al Mundo 2011/12

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