Roma encanta y agota

El trazado de las calles de Roma es tan irregular que, a veces, no sirven ni los mapas; pero ese es su atractivo: encontrarse en una plaza pequeña llena de encanto después de haberse perdido, sin saber cómo, por alguna calle creyendo que vas bien. Andas y andas para llegar a los lugares clave, hacia el metro, hacia el tren. Andas y andas, Roma encanta y agota.
No paras de andar porque hay tanto que ver en Roma que te puedes pasar días y días, es necesario emplear algunos de ellos descansando y asimilando tanta historia, tanto monumento; es que el Imperio Romano construyó más que los Bancos y Cajas españolas. Al igual que ellas, cuanto más creció más dura fue su caída.

Ciudad del Vaticano

La primera vez que nos perdimos fue al salir de la Ciudad del Vaticano, donde habíamos visto la Basílica de San Pedro después de hacer una cola larga pero rápida. Al entrar en ella nos fue imposible no pensar en el chiste del gran humorista Gila, que decía algo así: “¡Hay que ver…, y empezaron con un pesebre!”. Hay tanta riqueza dentro que también nos vino a la cabeza nuestra visita a Belén y Jerusalén, por donde Jesús anduvo predicando un mensaje sencillo y lleno de contenido: amaros los unos a los otros.

Ciudad del Vaticano
Ciudad del Vaticano

Al ver los Museos Vaticanos piensas qué pinta tanto objeto valioso en una Institución que debía de estar dedicada a los más desfavorecidos.

Ya nos gustaría saber lo que Miguel Ángel pensó al pintar, entre 1508-1512, la cúpula de la Capilla Sixtina; pensara lo que pensara te deja con la boca abierta, es espléndida; aunque según parece a él no le agradó ese encargo ya que creyó que era solo para engrandecer al Papa Julio II, quien se lo encargó. Más tarde pintó el Juicio Final, con los cuerpos desnudos, pero taparon aquello que les ofendía.

Estaríamos tan metidos en estos pensamientos que cuando nos íbamos a coger el tren nos colamos de calle incluso después de preguntar, subiendo y subiendo nos encontramos en una de las siete colinas de Roma: ¡habíamos llegado a la Plaza Garibaldi! El error fue de unos tres kilómetros, pero ganamos una vista fenomenal de Roma.

Vista de Roma desde la Plaza Garibald
Vista de Roma desde la Plaza Garibaldi

El Coliseo

Aunque el Coliseo, o Anfiteatro Flavio, del siglo I d. C., estaba plagado de turistas, muchos de ellos españoles, te sientes inmerso en lo que fue y, por las recreaciones en pintura que han hecho, nos imaginábamos muy bien cómo eran las celebraciones que en él se celebraban.

Anfiteatro Romano
Anfiteatro Romano

El suelo era una gran tramoya por la que subían y bajaban fieras, gladiadores, decorados de escenas de caza, etc. Mientras el público comía, bebía y jugaba; casi casi como los toros en España. Debió de ser asombroso para aquella época.

A la salida está el Arco de Constantino, siglo IV d. C., fundador de la antigua Constantinopla, actual Estambul. Vamos relacionando el viaje.

Arco Constantino en el Anfiteatro Romano
Arco Constantino en el Anfiteatro Romano

También recorrimos el Foro, desde el que siempre hay unas estupendas vistas de Roma, así como desde el mirador al lado de la Plaza del Campidoglio, donde está la estatua de Rómulo y Remo siendo amamantados por una loba.

Foro Romano
Foro Romano

Un poco de vida local

Después de tanto andar y admirar nos fuimos a la inauguración de una exposición de Vito Bongiorno, amigo de Alessandra, donde también admiramos la sensualidad del espectáculo que ofreció, en síntesis quiso representar que la pureza salvará al mundo.

También esta vez estuvimos de intercambio de casa, en Maccarese, muy cerca de Roma. Con nuestros anfitriones compartimos aperitivos, cenas y charlas. También celebramos el cumple de uno de nosotros. Era un placer llegar a su casa, en pleno campo, después de la ajetreada Roma.

Callejeando por Roma

La Fontana de Trevi y las Escaleras de la Plaza de España son muy famosas, pero había tanto turista que les restan algo de encanto.

Escaleras Plaza de España, Roma
Escaleras Plaza de España, Roma

No ocurre lo mismo con la Plaza Navona, antiguo anfiteatro de Domiciano, siglo I d.C.; a pesar de que haya gente, es más amplia y se puede estar más relajado. En ella hay está la librería Spagniola.

Plaza Navona
Plaza Navona

Callejeando en Roma de un lugar a otro encuentras rincones y plazoletas menos transitadas, como donde está el Café Sant Eustachio, en la plaza del mismo nombre, cerca del Panteón, sentarse allí saboreando un café es un placer ante tanto monumento.

Ostia Antica

Por si habíamos andado poco, a los romanos les dio por construir su puerto en Ostia Antica, pues allí nos fuimos otro día.

Al igual que el Coliseo estaba lleno de grupos de estudiantes, unos más pequeños, otros más grandes y de otros países, los que más vemos son de Francia y todos vienen con su dosier sobre lo que van a ver, el cual debe de estar repleto de actividades porque les vemos en grupos buscando, escribiendo o dibujando algo del lugar.

Ostia Antica
Ostia Antica

Ostia Antica, ¡vaya nombre!, dijeron nuestras hijas, fue el puerto de Roma y estaba en la boca del río Tíber. Los restos arqueológicos que se pueden ver son del siglo III a.C. A dicho puerto llegaban a Roma las mercancías de las colonias del Imperio. Aún se puede ver el foro, las termas, mosaicos, templos, el teatro y la calzada, la cual está bastante intacta, caminando por ella crees sentir el deambular de sus habitantes. Con la caída del Imperio Romano se fue abandonando poco a poco.

Muy cerca del recinto arqueológico está el Lido, playa, de Ostia; es donde los romanos actuales vienen a bañarse en verano; es un paseo muy agradable.

Trastevere

Trastevere es otro barrio de Roma, menos turístico y que merece mucho la pena ver pues muy cerca está la Isla Tiberina y el Teatro de Marcelo, el cual se empezó a construir con Julio César y se terminó con Augusto en los años 13-11 a.C. Hoy en día se ve solo parte de él, pero se adivina que fue uno de los más grandes de Roma.

Lo más concurrido de esta zona es la Boca de la Verdad; según la leyenda muerde la mano de aquel que miente. La cola era larga y no nos apetecía esperar para hacerse la clásica foto, tampoco hay que hacer todas las “turistadas” típicas, merecía más la pena entrar la iglesia donde se encuentra la Boca, Santa María, del siglo VI.

Boca de la Verdad, Roma
Boca de la Verdad, Roma

Museo Cryta Balbi

Paseando por esta zona llegamos al Museo Cryta Balbi, en el cual se aprecia muy bien los distintos estratos de Roma, desde las primeras calzadas hasta la actualidad; hay dibujos muy gráficos que resultan muy esclarecedores para comprender bien la evolución de una ciudad a lo largo de su historia. El turismo de masas no se acerca apenas por allí.

Museo Cryta Balbi
Museo Cryta Balbi

Como ya estábamos cansados de tanto caminar y teníamos que asimilar todo, el último día lo dedicamos a hacer vida local con nuestros anfitriones: prueba de paseo de caballos, Fiestas de Maccarese con puestos de salchichas, tómbola, pesca de regalos, bailes, etc.

Al final acabamos todos juntos en casa, cenando, como todas las noches anteriores, charlando de lo vivido cada día, de viajes y de nuestros respectivos países.

Vuelta al Mundo 2011/12

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