Christchurch, una tierra que tiembla

Viajar en autobús por Nueva Zelanda es maravillarse continuamente ante el paisaje. Cuando ves las fotos que has hecho, no sabes cuál elegir: si esta porque se ven las flores, esa otra porque aparece el Monte Cook con el lago Tekapo o aquella porque estamos los cuatro y ¡ninguno tiene los ojos cerrados! Así, en autobús, llegamos hasta Christchurch, una tierra que tiembla.

Christchurch, una tierra que tiembla

Salimos desde Queenstown a Christchurch con Nakedbus. El viaje es largo, pero se aprovecha bien pues se pasa por la región de los lagos, haciendo paradas para contemplar el paisaje, hacer fotos, tomarse un café o curiosear en la tienda de recuerdos.

Llegamos a Christchurch, la ciudad más importante de la Isla Sur, con 376.000 habitantes. Sorprende ver la gran llanura en la que se encuentra, sobre todo después de haber visto tantas montañas. Casi todas las casas son de una sola planta a excepción de algunas torres en el centro, rodeadas de grúas, donde se encuentran los edificios de la segunda mitad del siglo XIX y la zona comercial. Este conjunto había sido una atracción turística hasta que los terremotos paralizaron toda la actividad en la zona.

Terremotos en Christchurch

Nueva Zelanda se encuentra en el límite de las placas tectónicas de Australia y el Pacífico. Por ello experimenta 15000 terremotos al año, de los que solo se sienten unos 1500. Christchurch ha sufrido varios, uno de ellos, el del 22 de febrero de 2011, afectó al centro de la ciudad y ocasionó la pérdida de 181 personas.

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Tiendas improvisadas en Christchurch tras el terremoto de 2011

Muchos edificios de ladrillo antiguos se derrumbaron, algunos de los más altos sufrieron daños que se estaban intentando reparar, otros simplemente han sido demolidos. Cuando estuvimos, poco después del último terremoto, se podía caminar hasta la plaza de la Catedral para ver el avance de las obras de reconstrucción del centro.

Se observaba todavía el efecto del terremoto en las calles, cortadas mediante vallas, y en los edificios, todos vacíos. Impresiona ver el destrozo que produce un temblor de tierra de intensidad 6.3 durante un minuto y a hora punta. Se siente la dramática pérdida de vidas que hace enmudecer a todos.

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Catedral de Christchurch tras el terremoto

Pero la vida sigue a pesar del terremoto y los ciudadanos han decidido recuperar todo lo que pueden de su ciudad y empezar de nuevo. Es duro sobrellevar el hecho de vivir sobre una tierra que se mueve a diario. Algunos han decidido emigrar con su negocio a otra parte. Nosotros experimentamos dos temblores de baja intensidad en la casa de intercambio donde estábamos. Fue como sentir un latigazo en los cristales o en la puerta.

Nuestra vida en Christchuch

Los seis días que pasamos en Christchurch pasaron pronto y aprovechamos para parar un poco, después del recorrido por la Isla Sur. La casa estaba en Westmorland, un barrio muy tranquilo situado en una colina desde la que se divisaba toda la ciudad. Tres días estuvimos solos en nuestra casa de intercambio.

Visitamos la nueva zona comercial de Cashel Malls, preparada ya para la Navidad de una forma fácil y moderna, con los establecimientos colocados en unas estructuras prefabricadas de colores y adornadas las calles con parterres de flores. También nos acercamos a ver la playa, cogiendo un autobús desde el centro, hasta Sumner.

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Summer, cerca de Christchurch

Los otros tres días los pasamos en compañía de nuestros anfitriones. Con ellos compartimos cenas y nos hablaron mucho de China, animándonos a ir por lo interesante que era, además de muy seguro. Nos dieron algunos buenos consejos para entendernos con los chinos, sobre todo en las estaciones de tren.

Un día organizaron una barbacoa en casa con unos amigos, nos trajeron de aperitivo un plato neozelandés parecido a unas pequeñas tortillas, hecho de huevos y whitebait, unos pececitos muy pequeños.

Ambiente francés en Akaroa

El día antes de marchar lo dedicamos a Akaroa, un bonito pueblo donde la gente suele ir de vacaciones o a pasar el día. Todavía mantiene el ambiente francés que le dieron sus primeros colonizadores. Comimos fish and chips y callejeamos entrando en algunos comercios de artesanía.

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Camino a Akaroa

También visitamos un antiguo faro museo con la maquinaria en perfecto estado que había sido traído desde la isla en la que estaba hasta el pueblo. Akaroa está en la península de Banks formada por la superposición de dos volcanes extintos, el Littleton y el Akaroa, por lo que el paisaje desde lo alto es insólito y espectacular.

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Faro en Akaroa

De vuelta a Christchurch visitamos la zona de la antigua universidad y el río, con el Museo y el Jardín Botánico al lado. El tranvía está cortado tras el terremoto, pero las típicas góndolas siguen en activo. Es una zona con mucho encanto, pero asombran los efectos del seísmo.

A la mañana siguiente nos despedimos de Nueva Zelanda, y de Mike y Janicce, saliendo muy temprano hacia Sydney.

Sin lugar a duda, Nueva Zelanda nos había dejado un extraordinario buen sabor de boca; habíamos pasado un mes, pero nos supo a poco.

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