Kioto ofrece mucho que ver: el maravilloso Pabellón Kinkakuji o Templo Dorado, el relajante Camino de la Filosofía, el barrio de las geishas Gion, el bosque de bambú de Arashiyama, el camino de los 1000 toris al Santuario Fushimi Inari Thaisha, el Castillo de Nijo. Además, si se va durante la época de los cerezos en flor hay que añadir el encanto del Hanami. Estuvimos seis días pero podríamos haber estado más pero había que seguir hasta Yokohama.
Día 1: parar para continuar
Hoy no hemos hecho nada. Rectificación, hemos hecho mucho: descansar.
En un viaje largo, también en uno corto, es importante parar de vez en cuando, no planificar nada, asimilar lo visto y aprendido, coger fuerzas. Así solemos hacerlo en nuestros viajes, por eso nos quedamos seis días en Kioto, nos lo íbamos a tomar con calma: dormir lo que el cuerpo pidiera, vegetar por el hotel, lavar ropa, salir a cenar cerca; en definitiva: parar para continuar.
Nuestro viaje de un mes a Japón ya iba por más de la mitad. Nos deslumbró Tokio, tan inmensa como seductora; estuvimos en varias ciudades de los Alpes Japoneses; caminamos por la Ruta Nakasendo, de Magome a Tsumago; nos sumergimos en la espiritualidad japonesa al visitar los Santuarios del Kumano Kodo desde Kii Katsuura. Nuestra Ruta desde Wakayama a Koyasán para ver los templos budistas había sido breve, pero fructífera para conocer la importancia del budismo Shingon. Vimos Nara desde Osaka, los Jardines Korakuen de Okayama y el arte en Naoshima. Antes de Kioto habíamos visitado Hiroshima y la isla de Miyajima,. De camino a Kioto, hicimos una parada en el castillo de Himeji.
Día 2: Santuario Fushimi Inari Taisha – Kiyomizu-dera
Camino a la estación de tren de Kioto
Los 1000 toris del Santuario Fushimi Inari Thaisha es uno de los iconos de Japón. Para ir desde Kioto lo mejor es tomar el tren local que va a Nara, los hay con regularidad y solo son dos paradas, 10 minutos hasta la estación de Inari, desde la estación de Kioto.
A la estación de tren de Kioto fuimos andando desde nuestro hotel, Sequence Kyoto Gojo. Por el camino nos llamó la atención la puerta Kiku-no-mon, completada en 1911 y decorada con formas de crisantemos. Da paso a un complejo de templos budistas. Frente a ella, en el paseo de enfrente, ya había cerezos florecidos. Nos alegró ver la llegada del Hanami. También se veía la Torre de Kioto. A su lado estaba el Templo Higashi Honganji con su tejado curvado. Estos edificios eran más grandes que los que habíamos visto hasta ese momento en Japón.
Santuario Fushimi Inari Taisha
En Inari, el santuario Fushimi Inari Thaisha se encuentra al poco de salir de la estación. Su color bermellón destaca en este santuario sintoísta, dedicado a la deidad de las buenas cosechas, Inari.
Cuando llegamos, se estaba oficiando una ceremonia en él, nos llamaron la atención los delicados movimientos de quienes la llevaban a efecto. Cuando acabó empezamos la subida al monte Inari; había mucha gente pero, a medida que se ascendía, cada vez había menos.

En una hora y veinte minutos llegamos a la cima del monte Inari. No se nos hizo nada larga la subida. Se va caminando bajo unos 1000 toriis que se han dejado en agradecimiento o petición. Cada pocos tramos hay pequeños altares, así como puestos de bebidas, comidas y ofrendas. En algunos tramos hay buenas vistas de Kioto.
El recorrido en esta especie de túnel, senbon toriis, que significa 1000 puertas, aunque puede haber unos 10000 en todo el monte Inari, también donados por comercios, ya que la deidad también se ocupa a la buena marcha de los negocios. Algunos toris datan del periodo Edo. Se ven muchas estatuas de zorros portadores de un mensaje del dios.
Regresamos a Kioto. Tomamos un autobús en la dársena 2 hacia Kiyomizu-dera, y en 15 minutos nos bajamos en la parada Kiyomizumichi. Subimos por una calle llena de gente, tiendas y lugares de comida.
El Templo Kiyomizu-dera
El templo Kiyomizudera es budista del siglo VIII. Tras comprar la entrada hicimos un sencillo recorrido viendo algunos santuarios y pagodas, destacan las columnas de madera de 13 metros y construidas sin clavos, que sostienen la sala principal y el excelente mirador. También las hay vistas desde el santuario Okunoin que está al lado.

En la sala principal está Kannon Bodhisattva, la diosa de la misericordia.
Había bastante gente, nos llamaron la atención laschicas jóvenes con kimono entre los turistas.
A Kiyomizudera también se viene para tener suerte en el amor, la salud y éxito en los estudios.
Nos fuimos encantados de este templo, además algunos cerezos ya estaban floridos.
Descendimos y giramos hacia las calles Sannezaka y Ninenzaka, en el distrito de Higashiyama. Tienen casas tradicionales, muchas son ahora tiendas y restaurantes. La pagoda Yasaka de cinco pisos, siglo VI, es una buena imagen del pasado de Kyoto. Volvimos al hotel, hacía mucho frío.
Día 3: Kioto: Pabellón Dorado – Templo Daitokuji, Templo Ryougenin – Pontocho – Gion – Kiyamachi
Kinkakuji, Pabellón Dorado
Los templos de Kioto nos están pareciendo una maravilla, dan una idea del esplendor que tuvo en su época.
El Pabellón Kinkakuji, o Templo Dorado, está un poco alejado, llegamos a él en el autobús número 12 desde la parada Shijo Karasuma, cerca de nuestro hotel. El Templo Kinkakuji es de una belleza absoluta, tanto por el color como el emplazamiento solitario y rodeado de naturaleza en el que se encuentra. Al principio nos asustó la cantidad de gente que había pero, pasado el primer punto para fotografiarlo, nos fuimos separando algo más. Fue construido en 1397 por el shögun Ashikaga Yoshimitsu. Se ha quemado en varias ocasiones. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1994.

La visita no lleva mucho tiempo, hay una ruta marcada y se va apreciando el Pabellón Dorado desde distintos ángulos. En un par de puntos del recorrido había un cuenco para echar una moneda, si esta cae dentro es señal de buena fortuna. Deseamos que las personas que arrojaron la mayoría de las monedas que estaban esparcidas por el suelo también la tengan.
Templo Daitokuji
Al salir fuimos andando al Templo Daitokuji. Es un conjunto de varios templos, casi todos del siglo XVI. Están seguidos unos de otros conformando un espacio muy sereno por el que se puede pasear sin ruido.
Algunos templos de Daitokuji se pueden ver por dentro comprando entrada.
Templo Ryougen-in-
Entramos en el Templo Ryougen-in. Es pequeño y tiene tres jardines en su interior:

Kodatei
Kodatei, jardín de piedra; con líneas y círculos concéntricos, ayuda a meditar. También a la inhalación y exhalación en la respiración. Representa la dualidad, la verdad de los pares indivisibles: cielo y tierra, yin y yan, hombre y mujer, positivo y negativo.
Tōtejiko
Tōtejiko, jardín de piedra; representa el valor de una gota que llega a ser un río pequeño, luego río más grande y, más adelante, océano.
Ryōgintei
Ryōgintei, el jardín más antiguo del Templo Daitokuji. Consiste en tres piedras sagradas con musgo que representa el gran océano, es un ejemplo de jardín Zen. Todos los jardines dan calma, se respira tranquilidad e invitan a meditar.
Hay otras dependencias; cuarto de invitados, habitación para la vida diaria, para la ropa de un monje budista, almacén, habitación para recoger donaciones y sala té.
De alguna forma habíamos llenado nuestro espíritu y tocaba dar de comer al cuerpo, así que al salir repusimos fuerzas en el Cafe du Mon que vimos enfrente. Nos gustó mucho el ambiente y los platos que pedimos
Cogimos el autobús con la idea de ir al Castillo Nijo. Llegamos unos minutos tarde y ya no pudimos entrar. Suele ocurrir que, cuando una puerta se cierra, otra se abre; como está escrito en una ventana del Palacio de los Dávila en Ávila.
Gion
Así sucedió, nos fuimos andando hacia Gion. Por el camino encontramos unas calles peatonales con cafés, tiendas y mucho ambiente. Seguido estaba la calle Kiyamachi con sus cerezos en flor al lado de un canal con farolillos.

Pontocho
Atravesamos el callejón Pontocho con sus restaurantes en casas tradicionales, cruzamos el río Kamo, no hacía mala tarde, había gente paseando por sus orillas; así llegamos a Gion, donde también estaban sus cerezos florecidos en la calle con casas de madera tradicionales.
Kiyamachi
Al volver al hotel volvimos a recorrer parte de la calle Kiyamachi, los farolillos ya estaban encendidos. Nos pareció un espectáculo, la belleza está en lo sencillo.
Día 4: Kioto: Templo Ginkakuji, Templo de Plata – Paseo del Filósofo – Castillo Nijojo
Templo Ginkakuji
Kioto tiene muchos lugares que ver. Nos está dando para muchas visitas. Al primer sitio que hemos ido hoy, en el autobús 15 desde la parada al lado del hotel, es al Templo Ginkakuji, o Templo de Plata, es un subtemplo de la rama budista Rinzai Zen. Su origen es de 1482 cuando Ashikaga Yoshinaga, el octavo shogun de la era Muromachi, 1336-1573, construyó un elegante pabellón para su retiro. Se inspiró en el Pabellón de Plata de su abuelo.

El jardín tiene el estanque Kinyō, el Kōgestsudai, montón de piedras que imitan al monte Fuji, y el Ginshadan, mar de arena plateado, ejemplos de la cultura Zen. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1994. El recorrido por los jardines nos resultó muy agradable por el agua, las piedras y bastante musgo. Nos gustó mucho.
Paseo del Filósofo
Al salir recorrimos el Paseo del Filósofo, o Tetsugaku no Michi, se completó en 1890, se amplió en 1912. Discurre al lado del canal Lake Biwa a lo largo de 1,8 km con cerezos que encontramos ya floridos. Hay pequeños templos en los lados. Este paseo. Conviene andar con un calma, inspira relax. En 1986 fue elegido entre los 100 mejores caminos de Japón.

Al acabar comimos algo en la Breizh Café Creoerie. Después nos fuimos en el bus 204 hasta el Castillo de Nijo.
Castillo Nijo
El Castillo de Nijo se empezó en 1601, se terminó en 1603. En él se restauró la autoridad imperial y finalizó en feudalismo en Japón. Anteriormente la corte imperial se había establecido en el siglo VII en Nara. En el siglo XII el gobierno lo asumieron los samuráis en Kamakura.
Los cerezos estaban en flor en su jardín Seiryu-en. El Jardín Ninomaru se hizo en el siglo XVII para recibir al emperador.
Día 5: Kioto: Templo Jizo-in – Arashiyama, Templo Tenryuji, Bosque de Bambú
Habíamos visto bosques de bambú en otros lugares de Japón, pero nos decidimos ir al de Arashiyama. Nos montamos en el autobús 73 desde la parada Shijo Karasuma, al lado de nuestro hotel, Sequence Kyoto Hotel. La idea era bajarnos en la parada del bosque de bambú de Arashiyama, pero nos equivocamos y nos bajamos en la última, anduvimos 200 metros y dimos con el Templo Jizo-in, rodeado de bambú, ¡qué casualidad!
Templo Jizo-in
Este templo fue fundado en 1367, pero antes fue un jardín Zen. La visita es corta y nos encantó por la atmósfera de paz increíble que había, quien nos vendió la entrada era un monje budista. El templo se reconstruyó en 1686. Es un templo protector de los niños.
Volvimos a coger el autobús para regresar a la parada del puente Togetsukyo.

Arashiyama, Templo Tenryuji
Anduvimos un rato por el sendero al lado del río, después cruzamos el puente y entramos en los jardines del Templo Tenryuji, siglo XIV, de los más antiguos de Japón. Aunque el templo ha sufrido varios incendios desde sus inicios, el jardín mantiene el diseño que Musō Soseki creó en el siglo XIV. Es Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1994.

El Hanami estaba en su máximo esplendor y encontramos cerezos de brotes amarillos, blancos, rosas, todo en contraste con el verde de los árboles, las flores y el azul, por momentos, del cielo. Era un lugar para no irse.

Bosque de Bambú
Desde el jardín del Templo Tenryuji hay una salida al norte que da directamente al bosque de bambú de Arashiyama. Este bosque no es largo, unos 150 metros, estaba muy concurrido, pero se aprecia la belleza del bambú a ambos lados.

Bajamos hacia el río, encontramos más cerezos en flor, algunos en la montaña de enfrente. Había aparecido el sol y había más barcas en el río Katsura.
Arashiyama nos pareció un agradable lugar de esparcimiento no lejos de Kioto.
Día 6: Kioto: Templo Rokkaku-do
Nuestro último día el Kioto lo dedicmos a pasear por lugares cercanos al hotel, ya que el tren para Yokohama salía por la tarde.
En primer lugar fuimos al Templo Rokkaku-do, pues nos lo habían recomendado en el puesto de información de la estación de Kioto. Es un templo al lado de la calle Karasuma. Es como una isla rodeada de edificios, los cerezos estaban en flor, pleno Hanami. Era inevitable hacer fotos, como la gente que había, turistas y locales.

Nos fuimos con una buena sensación.
El cercano mercado de Nishiki es una calle larga con puestos, principalmente de comida. Estaba muy concurrido, sobre todo turistas. Comimos en él. Al acabar la calle hay un par de pasajes comerciales más anchos, Teramachi y Shinkyogoku.
Así han sido nuestros 6 días en Kioto, una ciudad llena de historia, fácil de recorrer. Pasearla por sus anchas calles, sin edificios altos, o estrechos callejones es muy agradable, siempre se descubre algo inesperado. Todo hace que Kioto sea una ciudad amable a la que nos gustaría volver.
Alojamiento
Sequence Kyoto Hotel: buen restaurante, onsen y sauna con horarios alternos para hombres y mujeres. Es elegante, ambientado con música por la tarde, cerca de paradas de autobús. Totalmente recomendable.