Yokohama no estaba en nuestra lista de ciudades para visitar en Japón. Nuestra idea era terminar el viaje en Tokio. Sin embargo, en esta ciudad los precios de los hoteles en abril casi se habían duplicado respecto a marzo. Buscamos alternativas y encontramos Yokohama, un lugar bien situado para ir Hakone y ver el monte Fuji. No nos arrepentimos; Yokohama nos guardaba alguna sorpresa después de un mes de viaje por Japón.
Cómo llegamos a Yokohama
A Yokohama llegamos en tren desde Kioto. Nuestro viaje a Japón lo habíamos empezado en Tokio tres semanas antes; después de los Alpes Japoneses, hicimos parte de la Ruta Nakasendo, los santuarios del Kumado Kodo, Osaka y Nara, los monasterios de Koyasan, Okayama y Naoshima, Hiroshima y la isla Miyajima y el castillo de Himeji.
Paseos y parques en Yokohama
Desde nuestro alojamiento fuimos en tren hasta Sakuragicho, donde se puede subir a un teleférico que lleva a la otra orilla.
Nosotros preferimos andar por el Paseo Kishamichi, los cerezos estaban en flor. Había en ese momento un desfile de la policía con banda de música, al lado del Buque-Museo Nippon Maru. Al ver el desfile, no nos dejaba de asombrar lo ceremoniosa que es la cultura japonesa.
Cerca estaba el parque de atracciones con una noria gigante. La gente paseaba y comía.

Llegamos caminando hasta el edificio Red Brick Warehouse, construido en el pier del puerto de Yokohama en 1989, durante el gobierno Meiji. Después se añadío un almacén en 1899. Creció la ciudad, pasó por dificultades, entre ellas el gran terremoto de Kanto de 1923 o la Segunda Guerra Mundial.
El edificio Red Brick Warehouse es un símbolo para la ciudad. Ahora en su interior hay tiendas y lugares para comer. En el exterior había en marzo un Jardín de flores bastante bien diseñado para conmemorar el Hanami.

Seguimos hasta el Paseo Yamashita Rinko, cerca de la terminal internacional de cruceros, donde se puede disfrutar de buenas vistas de Yokohama desde las diversas plataformas inclinadas del techo de la propia terminal. Es una obra arquitectónica bien integrada.

Luego pasamos por el Parque Yamashita, con originales exposiciones florales en estructuras rectangulares.
Casi al lado vimos el barco NYK Hikawa Maru. En 1930 cruzó el Pacífico 254 veces hacia Seattle. En la Segunda Guerra Mundial se utilizó como hospital. Ahora está en el puerto de Yokokama desde 1961.
Volvimos al hotel en metro desde Motomachi Chukagai hasta la estación de Yokohama.
Jardines Sankeien
El viaje por Japón se nos estaba acabando y, como era la temporada del Hanami, quisimos aprovechar a visitar los Jardines Sankeien.

Desde la estación de Yokohama montamos en el bus número 8 en la salida East; tardó unos 40 minutos en llegar. Un poco antes, en la calle de la parada Honmokuhara, ya vimos muchos árboles en flor a ambos lados.
Los Jardines Sankeien son una delicia. Se inauguraron en 1922, su fundador fue el comerciante de seda Hara Sankei.
El recinto de jardines tiene dos partes, un jardin exterior y un jardín interior. En ambos hay construcciones antiguas que han sido traídas de otras partes de Japón.
Jardín exterior

La Pagoda de tres pisos, templo Tomyo-ji, de 1457, se trasladó a estos jardines en 1914 desde Tokio.

Jardín interior
En esta parte hay una leve subida a un mirador, desde donde se ve el océano y la refinería Negishi, un contraste brutal y nada que ver con la tranquilidad que reina en los jardines.
Este lugar era el Shofukaku, una villa que la familia Hara hizo en 1887, desde donde disfrutaban de las vistas al océano y al monte Fuji.
En 1916 el poeta filósofo bengalí Rabindranath Tagore estuvo dos meses en la villa y Shimomura Kanzan decoró puertas y paredes. Todo se perdió en el terremoto de Kanto en 1923. Se reconstruyó y se volvió a abrir al público en 1954.
De Yokohama a Hakone
Uno de los objetivos del viaje era ver el Monte Fuji. Sabíamos, por lo que habíamos leído, que podía ser difícil pues las nubes lo suelen ocultar en esta época del año. Fue emocionante cuando lo vimos por sorpresa desde el tren que nos llevaba de Yokohama a Hakone Yumoto, pasando por Odawara. Solo fueron unos segundos pero no se nos olvidará.
Ruta de los Transportes en Hakone
Al llegar a Odawara no sabíamos qué hacer, si ir solo a algún punto para probar suerte y ver mejor el monte Fuji o hacer la Ruta de los Transportes. Entramos en la Oficina de turismo donde encontramos información en español y nos decidimos por comprar el Hakone Freepass, un ticket válido para dos días. La ruta se puede hacer en los dos sentidos, este es el que nosotros hicimos:
1 – Autobús a Hakonemachi
Desde la estación de Hakone Yumoto tomamos un autobús a Hakonemachi, un trayecto de 40 minutos en el bus H, también van el R y el K.
Desde Hakonemachi se veía el Monte Fuji cuando lo permitían la nubes altas. Antes de montar en el barco pirata nos dio tiempo a regresar en el bus H a Motohakone con la mirada puesta en él. Caminamos diez minutos por un bosque espectacular hacia el Tori del Santuario de Hakone. Había mucha gente esperando para hacerse la foto a solas en el Tori con el lago Ashi de fondo.
2 – Barco pirata a Togendai
Navega por el lago Ashi y brinda un paseo muy agradable de unos 20 minutos a los turistas. Nosotros montamos en Motohakone, desde Hahonemachi el viaje dura 10 minutos más.

3 -Teleférico a Owakudani
Nada más bajar del barco se va al teleférico. Éramos tantos turistas que tuvimos que esperar 35 minutos en la cola hasta montarnos en la cabina. El viaje dura 13 minutos, sobre el bosque y viendo el lago Ashi y, nuevamente, el monte Fuji.
La estación de Owakudani es un intercambiador con Sounzan. Es un área grande con cafeterías y aparcamiento desde donde se ven las fumarolas y el olor a azufre se hace notar.
También es un buen mirador para ver el monte Fuji. Ahí estaba de nuevo, iban y venían las nubes al rededor de sus 3776 m de altura. No nos podíamos creer nuestra suerte.

4- Teleférico a Sounzan
Durante el trayecto de 8 minutos se siguió viendo el monte Fuji un pequeño tramo. Después, se fue descendiendo hasta Sounzan.
5 – Funicular a Gora
Un trayecto de 13 minutos entre hortensias desde Sounzan hasta Gora.
6 – Tren a Hakone Yumoto
En este trayecto hay que hacer una parada que merece la pena, la número 56, para ver el Museo al Aire Libre de Hakone, a tres minutos de dicha estación. La visita duró alrededor de una hora, hasta el cierre del museo. Después volvimos al tren para llegar a la estación de Hakone Yumoto. Es un descenso lento, 35 minutos, entre montañas mientras se veíam cerezos en flor. f
La Ruta de los Transportes nos gustó mucho, no solo por haber visto el monte Fuji sino por lo entretenido y las buenas vistas. No se hace largo para nada, es parte de la experiencia. Toda la ruta nos llevó 8 horas desde que salimos de la estación de Hakone Yumoto hasta que regresamos a la misma estación.
Museo de Esculturas al Aire Libre en Hakone
El Museo de Esculturas al Aire Libre en Hakone se inauguró en 1969. Aparte de ver las esculturas se disfruta del paisajismo en un espacio amplio, verde y rodeado de montañas. También hay dos salas cerradas, uno de ellas con obras de Picasso. Fue un placer ir de un lugar a otro descubriendo esculturas, aunque la visita fuera un tanto rápida porque, después de hacer la Ruta de los Transportes ya llegamos con poco tiempo antes del cierre.

Alojamiento
Yokohama: JR-East Hotel Mets Yokohama. En la misma estación de tren hay un centro comercial, pero el hotel está en una zona tranquila y cerca de restaurantes. Limpio, personal amable. Totalmente recomendable.
Aeropuerto de Narita: Toyoko Inn Narita Airport Shinkan. Para ir al aeropuerto fuimos en autobús desde la estación de Yokohama con YCAT, 4000 yenes/persona. Tardó 1 hora y 20 minutos. Va parando en todas las terminales, nos bajamos en la 2. Bajamos dos pisos y, al poco rato, ya estábamos en la parada del shuttle del hotel Toyoko Inn Narita Shinkan. Tiene un supermercado Lawson, compramos algo, lo comimos en las mesas del comedor. Totalmente recomendable. Al día siguiente nos llevaron al aeropuerto e regresamos a Madrid un vuelo directo con IBERIA, que despegó de Narita dirección Noreste y atravesó el Círculo Polar volando sobre Groenlandia. ¡Un viaje formidable!