Durante los cuatro días que estuvimos en Tokio nos dio tiempo a visitar algunos de los lugares de esta mega ciudad donde unos barrios están pegados a otros; por ejemplo, Shinjuku y Shibuya, Ueno y Akiahabara, donde se puede ir andando o en el eficiente metro que conecta toda la ciudad, tan inmensa como seductora.
Día 1: Cómo llegamos a Tokio y traslado desde el aeropuerto
Desde Madrid volamos directos a Tokio. Llegamos puntuales, 10:15 h, a la T2 del aeropuerto de Narita. Primero rellenamos un sencillo formulario de entrada, después otro sobre alimentos. Los dos se pueden llevar ya hechos desde España, en cuyo caso se muestra un código QR. Era el comienzo de un viaje que nos ilusionaba mucho hacer desde hacía años pero no había podido ser, en 2011 por un tsunami y en 2020 por una pandemia.
Nada más salir de inmigración están los mostradores de autobuses que llevan a Tokio: Limusine Bus, con varios recorridos, y LCB, con menos opciones pero más barato. Elegimos este último, 1500 yenes/persona hasta Tokio Station. Durante la hora y poco que duró el trayecto fuimos viendo más y más bloques de edificios. Al llegar al centro ya se veía gente, calles, comercios.
Desde Tokio Station caminamos hacia una de las entradas de la estación de Otamachi para tomar el metro que nos llevaría a la estación de Hanzomon, donde teníamos reservado el hotel, Gran Arc Hanzomon. Ese día lo pasamos en el hotel y paseando un poco por sus alrededores hasta una de las puertas de los Jardines Imperiales. Entre el jet lag y que en marzo todavía oscurecía pronto, alrededor de las 18 h, nos fuimos a dormir.

Día 2: Shinjuku
Seguíamos con el jet lag. La primera noche-día-noche se pasó con las horas despistadas en el reloj, tanto que a las dos de la madrugada ya estábamos despejados. Desayunamos en cuanto abrieron el restaurante y salimos a descubrir Tokio. Este segundo día nos dedicamos a recorrer dos de los barrios más conocidos: Shinjuku y Shibuya.
Observatorio
Empezamos por el primero, al que fuimos en metro. En la oficina de su estación de JR compramos algunos billetes para nuestro recorrido por Japón. Después fuimos andando al Observatorio, el mirador gratuito del Gobierno Metropolitano, cuyo arquitecto es Tange Kenzo. Desde el piso 45 hay unas vistas estupendas, 360° de muchos edificios Shinjuku y de algunos lugares más lejanos, como el Monte Fuji, pero ese día no se veía.

Callejón Omoide Yokocho
Desde el Observatorio llegamos, en unos 15 minutos, al estrecho callejón Omoide Yokocho, donde hay varios pequeños lugares para comer, tienen unos pocos asientos frente a la barra, donde se ve cocinar lo que se pide.

Jardín Nacional Shinjuku Gyoen
Con el sabor de los dumplings nos dirigimos al Jardín Nacional Shinjuku Gyoen, 500 yenes/persona. Es un jardín que emana tranquilidad tras el ajetreado centro de Shinjuku. Era una parte de la residencia de la Familia Naitō en la época Edo. Fue abierto al público después de la Guerra, en 1949. De los tres estilos que forman el Gyoen, Formal Garden con sus árboles, Landscape Garden y el Jardín Japonés, destacamos este último por la armonía y sencillez de sus elementos, estanques y puentes en su naturaleza.
Estos fueron los primeros jardines que visitamos en Japón y es algo que hacemos siempre que podemos: en Kanazava, Okayama, Himeji, Kioto, Yokohama.


Nos quedaban muchos paques que descubrir en Japón como en Osaka y Nara.
Shibuya
De allí fuimos andando al templo sintoísta Meiji Jingu Shrine, en medio del parque Yoyogi. Muchas de las personas que se acercaban a una parte de él juntaban las manos, daban dos palmadas y permanecían un momento orando o pensando.

Cruce de peatones
Salimos del parque Yoyogi y, después de alguna vuelta que otra, tuvimos frente a nosotros el conocido Cruce de peatones de Shibuya, un verdadero enjambre de gente pasando en varias direcciones. Para verlo algo mejor subimos al primer piso del edificio donde está el Sturbuck.

Estatua de Hachiko
La lluvia que había empezado hace un buen rato no cesaba y nos volvimos al hotel no sin ver la estatua de Hachiko, el perro que estuvo esperando a su dueño en el lugar que le dejaba hasta que volvía de trabajar, hasta que un día ya no volvió más. La estatua está en un lateral de la estación de Shibuya, a escasos metros del cruce de peatones.
Día 3: Jardines, librerías, música y manga
El tercer día en Tokio lo dedicamos a hacer un recorrido andando: Jardines del Palacio Imperial, librerías de Jimbocho, barrio de la música en Ochanomizu y el del manga, Akiahabara.
A pesar de seguir notando los persistentes efectos del jet lag, pues el cuerpo no sabe si es de día o de noche, si desayuna o cena, salimos con el ánimo que dan los días claros y paseamos bordeando los Jardines del Palacio Imperial, donde suelen ir a correr bastantes personas.
Jardines del Palacio Imperial
Empezamos por los Jardines del Palacio Imperial Emperador que teníamos muy cerca; de hecho, el primer día habíamos caminado un poco hacia alguna de sus entradas, las puertas Hanzō-mon, del período Edo, 1603-1868, y la Sakurada-mon.

Traspasamos de nuevo la puerta Sakurada-mon y entramos en el parque Hibiya que hace contraste con los edificios del sector financiero de Marunouchi, y el puente Nijubashi.
Seguimos al lado del foso y vimos un acceso para entrar gratis a los Jardines del Este. Los recorrimos durante un buen rato. Al ser una agradable mañana dominical había gente, pero enseguida quedamos repartidos por este espacio con cerezos, algunos ya en flor, caminos y un pequeño lago con carpas.
Subimos a las ruinas del antiguo castillo que quedó destruido por un incendio de la ciudad poco después de su finalización en 1638.
Librerías en Jimbocho, Mis días en la librería Morisaki
Poco antes de ir a Tokio habíamos leído el libro Mis días en la librería Morisaki, de Satoshi Yagisawa, así que nos propusimos ir a Jimbocho y ver sus librerías. Nada más llegar, andando desde los Jardines del Palacio Imperial, ya vimos algunas; suelen tener estanterías en las calles y algunos de sus callejones. Entramos en alguna. Nos gustó una dedicada a literatura infantil donde había familias tomando algo en su cafetería. Comimos algo en otra, Book Café Work. Nos gusta este concepto de poder tomarse algo rodeados de libros.

Ochanomizu
Tokio es una megaurbe con un buen servicio de metro, recorrer andando algunos barrios próximos es una buena forma de conocer mejor esta ciudad. Por eso seguimos a pie a Ochanomizu, el barrio de la música. En su calle principal vimos tiendas de instrumentos, sobre todo guitarras.
Akiahabara
De ahí seguimos caminando al animado barrio de la cultura manga, Akiahabara, con la calzada de su calle principal cortada para el tráfico. Los letreros luminosos invitaban a entrar a alguno de sus establecimientos.

Día 4: Ueno y torre de Tokio
El cuerpo se iba aclimatando al nuevo horario; así que, sin prisa, salimos en metro hacia Ueno para ver su Parque Metropolitano, el cual encontramos casi nada más salir de la estación.
En un extremo está el lago Shinobazu, donde ya habían florecido algunos cerezos. Un poco antes habíamos parado en templo budista Kiyomizu Kannon-do, donde había objetos para comprar.

En el Parque Metropolitano de Ueno hay varios museos, en un extremo está el Museo Nacional de Tokio, como era lunes estaba cerrado. Entramos en el único abierto, el Museo Real de Ueno con cuadros realizados por personas discapacitadas en una parte con distintas técnicas muy coloridas. A continuación vimos unos cuadros de temática variada.
Salimos y callejeamos por el mercado Ameyayokocho. Entramos a comer en Yosgizushi Uenoten, pedimos una ración de sushi y tempura, todo muy bueno.
DeUeno nos dirigimos en metro a ver de cerca la Torre de Tokio, 332,9 metros de altura, del arquitecto Tachū Naitō. Recuerda a la Torre Eiffel de Paris. La característica de la Torre de Tokio es que está pintada de blanco y rojo. Por la noche se puede ver iluminada desde varios puntos de la ciudad. Se puede acceder a sus dos pisos.
Al regresar andando al hotel pasamos por los edificios del gobierno.

Matsumoto y Alpes japoneses
Desde Tokio iniciamos una interesante y larga ruta de un mes por Japón que empezó yendo hacia Kanazava, una bonita ciudad, al oeste de la Isla de Honshu, cruzando los Alpes Japoneses. En el camino paramos en Matsumoto para ver su sorprendente castillo negro.